ARAGON, HUESCA – 50€

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ISBN 84-7156-258-3.

Págs. 244

Podría haber debate sobre que es Huesca, o el               Alto Aragón, que así le llaman desde el Siglo pasado sus habitantes. Puede ser el paisaje obsesivamente pintado por José Beulas, o las amarillentas imágenes captadas por la vetusta cámara de Ricardo Compairé. También podría ser el paisaje hosco y asustado con el que el cineasta Carlos Saura contextualiza sus películas más autobiográficas sobre su niñez en la capital de la provincia, como es el caso de la “La prima Angélica” o el que pinta en “El tiovivo español” y en “La noche del decreto”, el novelista hispano-francés Michel del Castillo.

Huesca puede ser todo eso, y mucho más, si de contradicciones hablamos, puesto que es un producto de hábil y medido mestizaje geográfico. En sus límites geográficos, encajados en algunos puntos a golpe de escoplo sobre comarcas naturales por Francisco Javier de Burgos, aunque suavizados con el paso del tiempo, conviven la abrupta y verde montaña fronteriza, la más escarpada y peligrosa de toda la cordillera pirenaica, con las fértiles vegas del rio Cinca al este, en la tierra baja y los desolados paisajes lunares de las tierras de los Monegros en el sur irredento, que sigue siendo más peculiar desierto y septentrional que vergel inducido por míticos sistemas de riegos soñados enferbrecidamente por Joaquín Costa, a pesar de que en amplias zonas ya está el agua liberadora. Monegros, inspiradores de paisajísticas excéntricos u cineastas mensajeros de soledad, cuya belleza, tan agreste como triste y demoledora, sigue siendo una tarjeta de visita a Huesca igual de valida quela de montaña europeizante y cosmopolita.

 

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