BORAU –

z11Agustín Sánchez Vidal.

ISBN 84-505-9635-1

Págs. 214

Fuerte personalidad cinematográfica y cultura la del director zaragozano, que va más allá de la dirección de sus películas. Apreciara el lector de esta obra que José Luis Borau no solo ha sido director de cine. Tenazmente, ha trabajado, y mucho, como guionista, distribuidor, elaborador de doctrina sobre el fenómeno cinematográfico y sobre la cinematografía española y ha ejercido, además, como profesor en los mejores centros especializados de nuestro país.

Atraído de modo invencible por el cine, ha actuado, incluso, como productor. Se entiende que Borau lleve bien la ganada fama de hombre completo, que se encara con el fenómeno del cine de manera totalizadora. Este es un hecho conocido en los ambientes profesionales, pero no tanto fuera de ellos. Y, sin embargo, ahí radica el principal valor perdurable de tan notable aragonés.

Explicar el papel, memorable, que una personalidad con tales intereses y polifacetismo ha desempeñado en la historia reciente del cine español exige algo más que recurrir al análisis de sus producciones. Metodológicamente, un estudio sobre José Luis Borau, tiene que partir de la reconstrucción de su biografía, pues en ella aparecen numerosas claves imprescindibles para la valoración de su influencia y personalidad. La tarea, en efecto, se acomete. Y de ella, se deriva buena parte del interés de este estudio. Me permito llamar la atención al lector acerca del capítulo dedicado al “Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas”, será, seguramente, un referente importante a partir de ahora, en los repertorios no sobre Borau, sino sobre el cine español todo. Borau, conoce muy bien su historia desde los años 50 y Sánchez Vidal ha sabido sacar a la luz numerosos hechos que, valorados y contextualizados correctamente, suponen algo más que el retrato de las peripecias y andanzas del entonces joven cineasta. Cosa similar sucede respecto a la Escuela Oficial de Cinematografía.

La pluma del autor tiene un grado envidiable de oficio y se beneficia de sus últimas creaciones, en las que ha logrado una eficaz, mezcla de claridad expositiva, rigor y amenidad. No es un libro tedioso ni pretencioso, pero es erudito y obedece a una sistemática científica. Así el relato, más bien dramático, de los momentos por los que atraviesa Borau cuando, ya rodada “Furtivos”, es imposible llevarla a las pantallas, cobra calidad sobresaliente, con narración y como “petite historie” al mismo tiempo.

Es de justicia señalar que, con este volumen, la Caja de Ahorros de la Inmaculada de Aragón pone en circulación un segundo tomo de la colección, notable y muy valioso, pues el texto consagrado a Borau, que llena un vacío importante, va a convertirse en imprescindible para todo experto y aficionado al cine. Un excelente augurio.

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