EPISTOLARIO BATURRO

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EPISTOLARIO BATURRO

Alberto Casañal Shakery
ISBN 84-96219-12-7, 2004, 164 págs.
Edición facsimil de Mariano Escar, tipógrafo (1907)
9 €

Dentro de la literatura, el llamado género costumbrista encontró siempre un lugar de honor; andando el tiempo, serviría para que los eruditos e investigadores tuvieran noticia del vivir cotidiano de nuestras gentes, con sus tradiciones ancestrales, los modismos peculiares de cada pueblo, comarca o región, y también -¿por qué no?- los ritos y supersticiones que se acomodan secularmente en lo intrínsico de nosotros.
Este genero literario, que experimento un notable auge en el siglo XIX y principios del XX, corre un evidente peligro de extinción, lo cual puede significar tanto como privar al pueblo de su propia voz, de su ser y su esencia. Aquí se dio de espaldas al costumbrismo, se aborreció de el, por confundir lo baturro –que es lo aragonés por buena ley- con el baturrismo. Si el uso degenero en abuso, por lo que respecta a determinados escritores, la culpa fue de aquellos que celebraron de forma tan desmesurada como irreflexiva la burda caricatura de lo aragonés.
No es el caso de Alberto Casañal, escritor y poeta festivo- escritor por encima de todo-, que supo, como pocos, llegar a la entraña del pueblo y sacar a flote ese humor somarda que, por ser característico de nuestra tierra, no debe avergonzarnos, por que lo tenemos ahí, en el ambiente que respiramos y en el entorno donde nos movemos, y es testimonio de la vida y milagros de unas gentes que son las nuestras. Ni el habla ni el acontecer anecdótico se han exagerado en la ejecutoria, limpia y honesta de Alberto Casañal, testigo singular de una época que el supo y quiso ver bajo el prisma de un humor sorprendente y desenfadado, lleno de gracia, sin caer jamás en lo ridículo y chabacano. Casañal, que dejo la impronta de su buen hacer periodístico en “Heraldo de Aragón”, dio a conocer lo mejor de nuestra tierra, incluyendo
“… los platos que se fabrican desde fecha muy lejana en Muel,
los barbos de Utebo,
las sabrosas mantecadas de Brea,
las dulces frutas del campo de Monzalbarba,
las ricas cluecas de Quinto,
las tortas de cucharada de Rueda,
las especiales cerezas de Montañana,
el vino de cariñena,
el mostillo de Morata…”
versos todos ellos nada pretenciosos, ni pedantes, ya fuera utilizando el habla propia o el habla del pueblo, comunicación grata y directa con el lector.
La reedición ahora de “epistolario baturro” libro que vio la luz primera hace justamente setenta años – en 1908-, constituye un rotundo acierto por parte de Zaragoza” , puesto que a buen seguro servirá para restablecer esa misma comunicación grata y directa que soñó Casañal, tan injustamente interrumpida, entre los hombres de buena voluntad.

Alfonso Zapater.

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